

Es difícil hablar del futuro sin caer en distopías hollywoodenses o utopías ingenuas. Pero aquí va el ejercicio: imagina a alguien como tú, que en los últimos años se tomó en serio lo de la soberanía antes de que las cosas cambien radicalmente. Alguien que plantó un huerto, aprendió a fermentar, corrió modelos de IA en su computadora, desconfió de los algoritmos. Ahora es 2035, la AGI existe, y este es su día normal.
No es un cuento de terror. Tampoco es el paraíso. Es solo un día.
7:00 AM – El despertar sin alarma
Abre los ojos sin que un algoritmo le haya avisado hace cinco minutos. No tiene smartphone en la mesita de noche. Hace años que dejó de hacerlo. Durmió bien porque su cuerpo sabe cuándo oscurece realmente, no por la luz azul de una pantalla sino porque vive en un lugar donde la noche es noche.
Se levanta, toma agua. Agua que pasa por un filtro que él mismo mantiene, porque confía más en su propio sistema que en lo que dice una aplicación sobre la calidad municipal. Pequeño acto de soberanía que ni se cuestiona ya.
Mira por la ventana. Hay luz natural. Eso decide todo: hoy será un día de trabajo colaborativo, no de trabajo aislado. La AGI global está «ocupada» con otras cosas, así que las redes que dependen de computación distribuida van más lentas. Aprendió hace tiempo a leer estos ritmos, como los agricultores leen las estaciones.
7:30 AM – La rutina del cuerpo
Camina descalzo por su casa. Hace ejercicio funcional, no porque una app le lo ordene, sino porque su espalda lo agradece y su mente lo necesita. Veinte minutos de movimiento: flexiones, sentadillas, una serie de ejercicios que aprendió hace años de un canal de YouTube que ahora descarga localmente. No confía en que esos videos sigan siendo accesibles en la nube.
Ducha con agua fría. Al principio le parecía absurdo cuando lo leyó en Peterson, pero después entendió: pequeñas dosis de caos controlado entrenan la voluntad. Cuando luego enfrenta decisiones difíciles o momentos de incertidumbre, su sistema nervioso no entra en pánico.
Desayuno: huevos del vecino (que a cambio recibe fermentados caseros), pan integral que horneó hace dos días, y kombucha que fermenta en una botella de vidrio en su cocina. Sin aplicación que le mida calorías. Confía en su cuerpo para saber cuándo tiene hambre y cuándo está saciado. Esto también fue un desaprendizaje.
8:30 AM – El trabajo que aún importa
Se sienta en su escritorio. Tiene dos computadoras: una desconectada de internet (donde corre modelos locales de IA para análisis de datos), y otra conectada pero con un firewall agresivo que él mismo configuró en Linux hace años.
Trabaja. Su profesión cambió con la AGI, claro. Pero no como lo imaginaban los alarmistas. La AGI no lo reemplazó porque tiempo atrás decidió que su valor no estaba en ser rápido en tareas repetitivas, sino en hacer preguntas correctas, en entender contextos, en asumir responsabilidad por decisiones. Cosas que aún requieren un humano.
Usa la AGI como herramienta. Ejecuta un modelo local para procesamiento de texto. Usa Claude ocasionalmente a través de una API, pagando con criptomoneda no rastreable (otra costumbre de la era pre-AGI que mantiene). Pero la inteligencia, la dirección, la decisión final: eso sigue siendo suyo.
A diferencia de sus colegas que dependen completamente de interfaces corporativas de AGI (que funcionan bien, eso es innegable), él tiene opciones. Es lento. Es menos eficiente a veces. Pero es dueño de su proceso.
12:00 PM – Desconexión deliberada
Sale de la casa. Va caminando al huerto comunitario que ayudó a crear hace años. Toma una hora. Es su pausa.
En el huerto hay otras personas. Algunos mayores, algunos jóvenes. Un anciano que conoce desde hace una década le muestra cómo plantar ajo de invierno. Esto no se puede delegar a la AGI. No porque sea imposible, sino porque el valor está en estar ahí, con las manos sucias, aprendiendo de alguien que lo sabe.
Come junto a otras tres personas que trabajan en el huerto. Verduras frescas. Agua. Conversación real sobre la cosecha, sobre plagas, sobre un problema que tiene uno de los otros con su vecino. La AGI podría mediar, sugerir, optimizar. Él deja que exista el conflicto humano, la negociación humana.
Esta es quizás la diferencia más grande entre él y alguien que no preparó su soberanía: él no necesita que la AGI maneje su tiempo, su salud, sus relaciones. Puede usarla cuando le es útil.
3:00 PM – Aprendizaje autónomo
Vuelve a casa. Pasa una hora leyendo. Libros físicos, principalmente. Algunos textos que descargó en formato ePub hace años y que mantiene en su disco duro local. Psicología, historia, filosofía. No porque un algoritmo le recomiende basado en su historial, sino porque él elige qué quiere entender más profundamente.
Toma notas a mano. Parece anacrónico, pero es así. Retiene mejor. Piensa mejor cuando no está en modo búsqueda compulsiva.
Usa una IA local para traducir un texto que encontró en un idioma que no domina. Tarda más que si usara un servicio cloud, pero el proceso es completamente privado. Nadie sabe qué está leyendo. Esto también fue importante para él: la privacidad como libertad.
5:00 PM – Trabajo comunitario
Va a una reunión de su grupo de soberanía local. Llevan años juntándose: personas que coincidieron en que no todo se resuelve con AGI. Algunos son técnicos, otros no. Hoy revisan cómo funciona su servidor local compartido que corre herramientas colaborativas (basadas en software libre). Es lento comparado con las plataformas corporativas. Pero es suyo.
Debaten sobre cómo integrar a alguien nuevo del barrio que quiere aprender sobre seguridad digital. Deciden que lo básico es más importante que lo avanzado. Confían en que la soberanía es un camino, no un destino perfecto.
Uno del grupo comenta que le ofrecieron un trabajo excelente en una corporación que usa AGI de última generación. Paga el doble. Todos entienden la tentación. Nadie lo juzga. Solo hablan sobre qué significa para él la independencia, qué está dispuesto a cambiar por seguridad.
7:00 PM – Cena y comunidad
Cenan juntos. Comida que trajeron entre todos: pastas fermentadas, verduras del huerto, una bebida que alguien preparó. No es romántico ni utópico. Hay discusiones incómodas sobre dinero, sobre si cierta herramienta de código abierto vale realmente la pena de mantener.
Pero hay también un tipo de normalidad que no existía hace una década: la de personas que asumieron responsabilidad por su propio acceso a herramientas y conocimiento.
9:00 PM – La noche
Vuelve a casa. Hace un poco de mantenimiento de su servidor local. Revisa que los backups hayan funcionado. Este es el tipo de cosa que en la era pre-AGI parecía obsesiva. Ahora es solo prudencia.
Lee algo más. Reflexiona en un cuaderno físico que mantiene desde hace años. Jung habría disfrutado estos cuadernos: en ellos integra sus sombras, sus miedos, su desarrollo.
Apaga las luces temprano. Sin luz azul. Sin notificaciones. Sin la sensación de que hay algo importante que perdió.
Duerme.
Lo que cambió y lo que no
Este día no es extraordinario. Eso es lo importante. La AGI existe en el fondo, como una infraestructura. Pero la vida de esta persona no es gobernada por ella.
Los que no prepararon nada, que delegaron toda su cognición a interfaces corporativas, experimentan esta era de forma muy diferente. No es que estén esclavizados (la palabra es demasiado fuerte). Es que sus opciones son más limitadas. La AGI es confiable, pero es también una puerta de entrada a sistemas de control sutiles.
Esta persona que recorrimos en su día normal tomó años cultivando alternativas. No porque fuera genio. Sino porque decidió temprano que la soberanía era importante. Plantó huertas. Aprendió Linux. Desconfió de algoritmos. Construyó comunidad.
Ahora, cuando la AGI es omnipresente, tiene opciones. Puede usarla o no. Puede depender de ella en algunos aspectos y mantener autonomía en otros. Es lenta, a veces ineficiente, pero es libre en el sentido que importa: el de tener alternativas.
Esta es la única forma que conocemos de que la AGI sea una herramienta y no un destino.
Recursos para empezar tu propio camino
Sobre huertas y alimentación autónoma:
- Libro: «The Permaculture Handbook» de Sepp Holzer
- Proyecto: Milpa (plantación de tres hermanas)
- Comunidad: Red de huerteros locales en tu ciudad
Sobre psicología y responsabilidad:
- Carl Jung: «Memories, Dreams, Reflections»
- Jordan Peterson: «12 Rules for Life»
- Podcast: «The Jordan B. Peterson Podcast» (descargable)
Sobre soberanía digital:
- Distro Linux: Linux Mint (amigable para principiantes)
- Herramienta: Nextcloud (alternativa a Google Drive)
- Community: r/privacy, Techlore en YouTube
Sobre IA local:
- Ollama (ejecutar modelos localmente)
- LM Studio (interfaz amigable)
- TheBloke en Hugging Face (modelos curados)
Libros técnicos accesibles:
- «Criptografía visual» para entender privacidad básica
- «El pequeño servidor» (recurso gratuito en línea)
No necesitas ser técnico extremo. Necesitas decidir que tu autonomía importa. Y luego, pequeños pasos todos los días.